Al fin despertaste, y no podías ver que todo lo que te rodeaba era pura y neta felicidad, que en verdad te estaba matando. Pero era la mejor muerte que podías tener, porque esa horrible acción de matar algunas cosas para quedarte con otras es lo que te hacia feliz. Y no importaba si habríamos los ojos o no, solo queríamos vivir. Los ladridos que taladraban nuestra cabeza diciendo NO HAGAS ESTO, NO HAGAS AQUELLO, ya no son los mismos, y por momentos me gustaría volver a escucharlos. Eramos libres encarcelados. Teníamos el mundo en las manos, la tristeza de vez en cuando nos llegaba pero era facil de esconder y de borrar. El tiempo era corto en todos los sentidos, ya sea porque vivíamos atados o porque faltaba poco para el derrumbe.
Y dicho momento llegó. Poco a poco todo se fue perdiendo. Los amigos caen de un precipicio, la suerte se echa al suelo, el animo de seguir en pie se pierde, el camino toma un contraste oscuro y poco seguro. Dependemos solo de nuestras decisiones. La vida termina porque ya no es lo mismo. Ahora estamos con miedo, ahora estamos solos.
Y dicho momento llegó. Poco a poco todo se fue perdiendo. Los amigos caen de un precipicio, la suerte se echa al suelo, el animo de seguir en pie se pierde, el camino toma un contraste oscuro y poco seguro. Dependemos solo de nuestras decisiones. La vida termina porque ya no es lo mismo. Ahora estamos con miedo, ahora estamos solos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario